Cuando el amor no exige quedarse
Si alguien deja de estar en nuestra vida, ¿también desaparece el amor que sentimos por esa persona?
Con frecuencia hemos aprendido a asociar el amor con la posesión. Pensamos que amar implica tener acceso a alguien, compartir tiempo con esa persona o formar parte de su vida de manera permanente. Por eso, cuando una relación termina, solemos asumir que el amor también debería terminar.
Pero quizá el amor y la presencia no son exactamente lo mismo.
Es posible sentir un profundo cariño por alguien que ya no forma parte de nuestra vida. No hablo de aferrarse al pasado ni de quedarse esperando su regreso. Hablo de reconocer que una persona fue importante para nosotros y que el afecto que sentimos no desaparece automáticamente porque la relación haya cambiado o terminado.
A veces seguimos deseando sinceramente que a esa persona le vaya bien, que encuentre aquello que busca y que construya una vida plena, incluso si nosotros no formamos parte de ella.
Y tal vez ahí es donde el amor se diferencia de la posesión.
Porque poseer dice "Quiero que te quedes conmigo". Mientras que amar, en ocasiones, también es decir "Quiero que seas libre para elegir tu camino, aunque ese camino no me incluya".
Quizá una de las formas más maduras de amor consiste precisamente en eso: trabajar activamente por la libertad de otra persona para que pueda decidir qué hacer con su vida, incluso cuando esa decisión nos deja fuera de ella.
La ausencia de una persona no siempre significa la ausencia de amor.




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