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¿Actúas desde el miedo o desde el amor?

Foto del escritor: Daniela López Méndez
Daniela López Méndez
22 jun
2 min de lectura

El miedo cumple una función importante en nuestra vida. Es una de las emociones más básicas y antiguas que compartimos con muchos animales. Gracias a él identificamos amenazas, reaccionamos ante el peligro y protegemos nuestra integridad.


Sin embargo, no todo aquello que tememos representa un peligro real. Con frecuencia invertimos grandes cantidades de energía anticipando escenarios que todavía no ocurren, imaginando pérdidas, rechazos o fracasos que existen únicamente en nuestra mente.


Y aunque el miedo puede protegernos, también puede convertirse en una fuerza que limite nuestra creatividad, nuestra espontaneidad y nuestra capacidad de disfrutar la vida.


Lo interesante es que muchas veces no son nuestras acciones las que marcan la diferencia, sino la emoción desde la que las realizamos.


Podemos cuidar a nuestra pareja por amor o por miedo a perderla.

Podemos esforzarnos en nuestro trabajo por pasión o por miedo al fracaso.

Podemos cuidar nuestro cuerpo porque lo valoramos o porque tememos quedarnos solos, envejecer o no ser suficientes.


Desde afuera, la conducta puede parecer exactamente la misma.

Por dentro, la experiencia es completamente distinta.


Quizá una pregunta útil no sea qué estamos haciendo, sino desde dónde lo estamos haciendo.


¿Estoy actuando para acercarme a algo que amo?

¿O estoy actuando para alejarme de algo que temo?


El miedo puede ayudarnos a sobrevivir, pero cuando dirige demasiadas de nuestras decisiones, termina ocupando un espacio que quizá no le corresponde.


Tal vez no se trata de eliminar el miedo. Tal vez se trata de recordar que también existe otra posibilidad. La de actuar desde el amor.


No porque ignoremos los riesgos de la vida, sino porque elegimos que nuestras decisiones estén guiadas más por aquello que valoramos que por aquello que tememos.

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